![]() |
| Foto: Carmelo Bayo |
No existe. La combinación de algo simple, diáfano y a la vez profundo, es una quimera en cualquier campo artístico y por descontado en el musical. Muchos compositores vivieron en esa búsqueda llegando incluso a zambullirse en una amarga obsesión.
Urdiales como bien sabéis lleva en esto muchos años, pero "esto" para él no es salir a la plaza en la tardes de toros con capote, muleta y espada. Para él, el toreo empieza en esas mañanas solitarias de entrenamiento de salón en las que la mente, el cuerpo y el alma se ejercitan para conseguir que aquello que cuesta mucho esfuerzo, parezca natural y que aquello que se improvisa, sea fruto de horas y horas asimilando el a veces imperceptible movimiento de un músculo.
Ayer un servidor vio en Arnedo dos registros completamente diferentes de un mismo torero. Los dos válidos, los dos con su porqué y los dos con muchos matices claramente diferenciables del toreo de temporadas pasadas. Todo comenzó, o lo vimos nacer para el público, en aquella tarde mágica de Bilbao en 2025. Los que siempre hemos sido de Urdiales, tenemos que ir asimilando la evolución poco a poco, porque al torero, cada vez le salen más cosas del alma y eso a veces, a los profanos, nos resulta más complicado de entender para después poder descifrar lo que anda buscando, aunque yo me atrevería a resumirlo, siendo un poco osado, en una pequeña reflexión:
Cada vez más despacio, cada vez más suave y cada vez más armónico, pero sobre todo, cada vez más libre.
Una vez me dijo un doctor que lo que está funcionando bien, para qué lo vamos a tocar, pero una cosa es lo que te demanda el cuerpo y otra, lo que te pide el alma.

No hay comentarios:
Publicar un comentario