lunes, 18 de julio de 2016

Tomás Campos: ¿Qué nos apostamos?


Sí, es amigo mío y un tío excelente, pero si no creyera en él no apostaría ni una mísera caña en vaso de plástico a que éste va a ser uno de los buenos. Hay unos cuantos que torean muy bien y carecen de oportunidades y de esa suerte que en determinados momentos nos hace falta a todos, pero Tomás Campos aglutina en esa figura de torero añejo toda la ambición de quien sabe que el día que pase el tren por su puerta no lo va a dejar escapar. Ayer en Saint Vincent de Tyrosse y ante un encierro un tanto desigual de esos Santa Colomas leoneses que lucen el hierro de Valdellán estuvo con unas ganas y con un sitio que sinceramente, a un luchador que torea tan poquito, no se le suponen. Ojalá pronto podamos verlo de nuevo y de verdad, si tenéis la oportunidad, me decís que os ha parecido y apostad conmigo porque creo que vamos a caballo ganador.
Toreaban con él, Morenito de Aranda, que a pesar de contar con el peor lote, estuvo serio, digno y torero toda la tarde y Javier Castaño que cortó una oreja al igual que Tomás y que cada vez que se viste de luces, refuerza más mi idea de que estos tipos, son superhombres.








martes, 12 de julio de 2016

Vivir en minoría

 
Fotografía: Miguel Pérez-Aradros.

Volvía ayer de Pamplona escuchando la radio, la primera que sintonicé. Decía un contertulio de esos que de todo saben, que nuestro país ahora tiene una oportunidad para demostrar que en el juego democrático también tienen voz y voto las minorías y que si por aquello del vaya usted a saber y de un mal ejercicio de la responsabilidad que un votante  otorga, llegábamos a unas terceras elecciones, se habría demostrado tristemente que España es bipartidista y que no hay lugar para las ideas minoritarias.
El bipartidismo para mí, es algo excluyente: todo es blanco o negro. No hay gamas de grises, ni siquiera blancos sucios, blancos rotos, o tonos pastel. En el toreo eso no pasa y las suertes de colores son infinitas: tenemos desde un azabache a un espuma de mar, pasando por un gris perla y si de azules, verdes, o rojos hablamos, las definiciones son innumerables.
López Simón dejó que el tercero de la tarde buscase su muerte al refugio de tablas. No era necesario el verduguillo, el astado iba a doblar en cuanto llegase a su querencia cacareada ya de salida, pero allí en Iruña hace tiempo que las peñas ven la muerte del toro como un mal cada vez menos necesario para que la fiesta continúe y ésta ha de ser rápida supongo que con la idea de evitar sufrimiento al animal. 
Mientras el Jandilla doblaba escuché un coro airado que gritaba "fuera la espada" y como en otras ocasiones, muchas ya, sentí que cada vez somos menos, que nuestro derecho como aficionados a la tauromaquia, se está viendo cercenado por una incipiente, todavía minoría, pero que crece como lo hacen las hierbas en las tomateras si no pasas la azada a menudo. Es una minoría implacable, organizada y obtusa que sabe cómo hacer daño, que sabe dónde nos duele y que no tiene reparos en barrenar la herida (y ahora estoy recordando algo que ni siquiera voy a nombrar).
No quiero entrar en los tópicos ni hacer demagogia porque es demasiado sencillo. Prefiero hablar de derechos y lo cierto es que mi derecho como minoría cualificada, no es menos derecho que el del que opina lo contrario y no por ello le deseo la muerte, ni le insulto, ni le ofendo. Simplemente me limito a ejercerlo y reivindico mi libertad para ello, como reivindico la libertad para ejercerlo de quienes son antitaurinos, porque lo tienen y es legítimo, pero ha de ser ejercido como tal y no como una aberración del mismo.
El blanco y el negro llevan destrozando a la sociedad desde la noche de los tiempos y no aprendemos, no hemos aprendido nada. Cada día que pasa percibo más rencor y menos comprensión y esto me lleva a pensar que tal vez ahora esté comenzando el verdadero ocaso de las minorías, pero no a causa de la ley natural del tiempo, sino por algo mucho peor y más peligroso: el odio.

lunes, 4 de julio de 2016

Toros


Ayer llevé a un buen amigo hasta los corrales del gas para que viera "in situ" y a tamaño real cómo se las gastan en Pamplona. Los toros vistos desde la parte superior de los corrales, o incluso desde un tractor, pierden tamaño, pero si los contemplas desde el suelo la cosa cambia bastante y uno se da cuenta de que está frente a toda la fuerza y la belleza de la naturaleza. Mi colega se asustó de la alzada de los bichos, máxime cuando un cafre al que reprendí y mira que no soy yo de liarla, se puso a golpear las cristaleras que nos permiten ver sin ser vistos y uno de los animales se acercó con intenciones de arrancarse.
Os cuento esto porque por la tarde me fui a la corrida de Soria: Zalduendos para figuras, con trazas de anovillados algunos y con los que el matador "de toros" ha de poner de su parte todo aquello que a los animales les falta.
No es cuestión de pedir lo mejor de lo mejor para ferias menores, pero si de exigir cierta dignidad que incluso estoy seguro, satisfaría más a los toreros. Veo de todo y no soy de los que excluyen a determinadas ganaderías que no cuentan con pelaje gris. El toro aparece cuando menos te lo esperas. De hecho ayer, el sexto, muy anovillado, fue un gran... "toro" que peleó bien en el caballo y llegó a la muleta con muchas ganas de embestir por abajo y con fiereza, pero a aquello le falta el componente de la igualdad. Es tan manifiesta hoy en día la superioridad de los de luces, que el oponente ha de ser acorde con tal superioridad para que la lucha no sea y no parezca desigual.
El tema está muy trillado ya y no voy a abundar más en ello, pero por si alguien no se ha enterado, lo repito una vez más: El toro es el eje de la fiesta.

lunes, 6 de junio de 2016

Epílogo de San Isidro. El Ojeador de Zahariche

Foto: http://www.las-ventas.com/

Era fornido, largo como un día sin pan y alto de cruz como suelen serlo en su famila. Miraba muy serio y altivo porque sabía de su inmenso poder. De una tarascada quebró la tronera del burladero del ocho y el chino de la fila diez que en vez de rodillas tenía katanas que clavaba en mi espalda, exclamó: Ohhhhhhh.

Se le pidió al matador distancia para el primer encuentro con el caballo. Supongo que para lucir, porque como en el amor, los primeros encuentros, requieren distancias prudenciales tirando a cercanas. Se fue con alegría y con alegría empujó, pero arriba, porque ya se sabe que a estos no se les da muy bien eso de humillar, aunque siempre hay honrosas excepciones que ayer también pudimos disfrutar en el pitón izquierdo de Tabernero. No se le picó en el sitio y Francisco Vallejo tuvo que rectificar. 

Segunda vara, un poquito más largo quedó "Ojeador" que se volvió a arrancar al caballo sin remolonear ni un ápice. La segunda es la importante, ahí ya sabe el toro lo que le espera y si es bravo, se olvidará de la distancia que le separa de su oponente para acometer con fiereza. Por segunda vez la puya no aterrizó donde debía, una lástima.

Se le puso en suerte para una tercera, más distancia, en los medios y el Miura no hizo ascos: se arrancó como un idem y le dio un topetazo a la montura que sonó como un bombo de Calanda. Vallejo esta vez lo enganchó de maravilla, si bien castigándolo en exceso.

El torazo, que también se empleó en banderillas, acabó llegando a la muleta con lo justo y embistiendo como embisten los de su encaste cuando ya no les quedan apenas fuerzas para desplazarse. 

Para mí, el último de la isidrada, "Ojeador", fue un gran toro.

domingo, 8 de mayo de 2016

José Tomás: La leyenda continúa

Lamento desconocer el autor de la fotografía para citarlo. 

Podrán pensar que el triunfo del de Galapagar ayer en Jerez era cosa hecha. Que estaba cantado que la corrida de Cuvillo iba a embestir, que se iba a portar bien, que el cielo iba a mantener a raya el agua y que todo y todos iban a estar a la altura. Ocurrió, pero esto no son matemáticas (siempre que pronuncio esta palabra recuerdo a Morante y a ese Albaserrada). En México falló algún eslabón de la cadena y la apoteosis, esa que se exige a José Tomás cada tarde que actúa, sea una o sean cuatro, no se produjo. Por eso ayer, si algo hubiese quebrado el orden natural, el favor de una parte del público se habría convertido en sospecha y más de uno miraría hacia el torero con ojos del que pide unas cuentas que no le son debidas.
Espero que sepa perdonarme Maestro, a mí y a unos cuantos más, puesto que ya que no pudimos estar presentes en Jerez, nos las apañamos para poder medio visionar la corrida en directo y disfrutar de una hermosa verdad delante de dos toros muy diferentes.
Personalmente me quedo con las Gaoneras, con los estatuarios de inicio, con la faena con la diestra (sí, con la derecha) y con el bellísimo final que le recetó a ese buen "Lanudo" que acababa de cumplir cuatro. Y me quedo también con esos siete u ocho naturales perfectos (ahora sí, con la izquierda) de ejecución y de sensación, que a fuerza de oficio y sabiduría, le pudo robar al nada fácil quinto. Habrá quien ahora esté pensando que no tengo ni idea y que los naturales a ese segundo fueron de cartel. No lo discuto.
Después de la catarsis, hoy todo el mundo le pide el eterno compromiso, el mismo que un servidor también demandaría de no ser porque nos empezamos a hacer mayores y a darnos cuenta del esfuerzo que supone ahora hacer cosas que antes eran pecata minuta, porque, imaginen ustedes lo que requeriría tener que hacer el toreo en la plaza más importante del mundo, cosido ya por unos cuantos años de alternativa y por unas cuantas cornadas que no se te han llevado al paraíso de milagro. A lo mejor un día nos sorprende y lo hace, pero eso significará haber cruzado una línea sin retorno que no sé hasta qué punto compensaría a nivel espiritual.
Mientras tanto, mientras llega o no llega el momento, el mito se alimenta no sólo de palmeros de pañuelo flojo, esnobistas y galanes de lo rancio, el mito también se nutre y nos nutre de verdad, de temple y de hacer perfecto un arte que nunca podrá serlo. A eso sí le llamo yo cuadrar el círculo.