lunes, 8 de octubre de 2018

Cuando éramos de Urdiales (II)

Foto: Rafa Sánchez Pulido @rsanchezpulido

Puede que sea verdad, puede que nunca segundas partes sean buenas, si acaso las primeras lo fueron, pero hoy son necesarias y no me resisto a comenzar este pequeño homenaje como lo hice por estas mismas fechas en el año 2014:

"Una familia, unos cuantos amigos de los de verdad, un periodista obsesionado con el toreo bueno y para de contar: todo eso tenía Diego hace unos años..."

Es una gozada poder escribir que ahora somos muchos más y que sin embargo el torero es el mismo y su toreo, en la esencia, también, porque la evolución del espíritu que tan gráficamente explica Nietzsche, es casi un dogma vital. 

Reconozco que lo vivido ayer no deja de ser un acto de egoísmo. Nos llena tanto ese concepto, que no podemos dejar de sentir un cierto orgullo particular al escuchar cómo ruge una plaza hasta en sus cimientos y cómo el pequeño flautista es capaz de dejar tiradas a unas cuantas ratas en la aldea sajona de Hamelin y arrastrar tras de sí a veinte mil almas que bailan al son de un compás con una cadencia diferente.

Pero más allá de nuestro ego, creo que en el fondo, todos sabemos que ayer el triunfador no fue Diego. 

Ayer triunfó el toreo.

viernes, 7 de septiembre de 2018

La verdadera belleza



Foto: María Vázquez

Tal vez como yo, hayas leído estos días un texto de Sergio del Molino, un antitaurino, uno más, que es capaz de reconocer la verdad en una “tarde de toros” sin renegar de sus convicciones, pero sin tratar de engañar al dictado de sus sentidos. Uno menos.


A lo mejor hace unos días estuviste viendo cómo Urdiales es capaz de dibujar los mil crisoles que atesora la belleza tan sólo con las yemas de sus dedos, esas que en ocasiones muy especiales, mantienen línea directa con el alma del toreo.


Quizá el pasado sábado asististe a una seria corrida de Margé en Bayona, en la que Thomas Joubert se llevó una cornada que le vació de sangre y pensaste: “esto es verdad”.


Puede que hayas comentado el precioso vídeo que como prólogo a la feria de Salamanca, ha preparado la juventud taurina con un referente apodado “El Viti” que cuando habla, sentencia y te encoje el corazón con esa voz de torero que ha meditado una y mil veces cada palabra que esboza a través de su garganta.


Lo reconozco, no puedo dejar de pensar en el toro. O no es que no lo haga, es que todo gira en torno a él y todo se le parece. Cualquier pequeño detalle de mi vida cotidiana, cualquier suceso, termina por convertirse en ese cárdeno que en mis noches de vigilia me persigue hasta acabar con mi angustia de una certera cornada. Siento miedo y después sosiego porque el toro, el animal más desafiante y más fiel al combate que existe, da paz, la paz de quien consigue encontrar el verdadero camino.

Muchos de nosotros hemos pasado horas y horas contemplándolo. A veces nos mira curioso, otras nos avisa, las más, nos desprecia porque somos tan débiles que ni siquiera sabemos escarbar en la tierra. Y en cambio nosotros no podemos dejar de mirarlo porque el toro es verdad y belleza. Verdad porque encarna la muerte inapelable que nos espera. La mayor verdad, la más fatídica. Y belleza porque transmite la paz que sólo da algo que por esencia es bello.

Aun a sabiendas de que la muerte no es bella, ni siquiera la de un bravo,  es un mal necesario y un bien real, el destino final, la mayor recompensa que nos deja la vida. El verdadero castigo sería contemplar una eternidad sin toro.

miércoles, 6 de junio de 2018

Juan Carlos Berrocal: En tránsito por el camino del arte


Conocí a este torero, porque para mí, además de lo que el quiera ser, siempre será torero, hace unos años por aquellos bolsines invernales entre los que me muevo para saciar mi sed de toros en las épocas de frío, nieves y lluvias. Después volvimos a coincidir en varias ocasiones, entre ellas en los tentaderos de mi querido Zapato de Plata que se celebran desde hace ya unos cuantos años en la localidad de Guarromán y de los que os traigo cumplida información siempre que puedo.
Juan Carlos es un torero diferente, con un capote muy suave y muy especial que me recuerda a Manzanares en el buen gusto y en la elegancia y con un toreo de muleta muy vertical que llama la atención por sus ganas de colmar la vis estética de la tauromaquia, sin abandonar la buena colocación ni los fundamentos.
Lleva un tiempo (lo sé porque lo sigo en redes sociales) metido en esto de la canción, que si bien puede parecer diferente a vestir un chispeante, os puedo asegurar que tendrá mil y una concomitancias con nuestro mundo taurino, porque como dijo una vez Jesulín: "es que esto es como el toro". Juan Carlos tiene planta, es disciplinado y canta a de maravilla como podéis ver en el enlace que os pongo aquí. Su primer single sale a la venta mañana y qué queréis que os diga, yo cantando le veo la sensibilidad de un torero de los que tienen arte por los cuatro costados.
El torero canta y no será flor de un día aunque este toro también impone.

lunes, 14 de mayo de 2018

Morante y la rosa de los vientos.



La verdad es que la estaba esperando como al "agua de mayo", pero por dios que este año no caiga más... Me refiero a la reaparición de Jose Antonio Morante Camacho, a su nueva puesta en escena y a su novedosa, para él, forma de hacer las cosas. Recorrer tantos kilómetros en un fin de semana a lo mejor confunde mis ideas, pero prefiero escribir en caliente no vaya a ser que el poso ennegrezca y me de por interpretar el papel de viejo cascarrabias que escenifico cada día con más fidelidad.
Han sido dos días de viento, ese cuyas direcciones estudió y plasmó como antecedente de la rosa de don Ramón Llul, un tal "Gaius Plinius Secundus", también conocido como Plinio el Viejo, un tipo curioso y digno de que os entretengáis en él.
Para quienes hacen un toreo tan especial, el viento es un enemigo que prácticamente siempre gana la partida y tanto en Jerez como en Valladolid, ha soplado de lo lindo y con tal intensidad que los que hemos procesionado para ver mecer con suavidad el capote y la muleta etéreos del Genio de la Puebla, nos hemos quedado con las ganas. Le conté en Jerez tres verónicas y una por Chicuelo, así como un par de inicios de faena en tablas y poco más. Le noté algo nervioso y contrariado por los caprichos de Eolo, como más calmado lo ví ayer en Valladolid, donde ni siquiera se pudo estirar "a su gusto" de capote y donde le hizo una faena a su segundo más producto de querer agradar al personal traicionando a su yo profundo, que de lo que a él verdaderamente le brota de las yemas de esos dedos que tienen conexión directa con el alma.
También he visto la despedida del Ciclón Padilla de su plaza como el héroe que ha sido, sin perjuicio de que a mí estas temporadas últimas me hayan sobrado. He notado a Manzanares con un temple extraordinario: Creo sinceramente que está en un momento excelente para hacer su toreo elegante, aunque para el que escribe, un tanto carente de compromiso con "la esencia". Y he tenido la fortuna de contemplar a un Talavante del que esperamos tanto, que en ocasiones en vez de hacernos esperar nos desespera, si bien, eso no ocurrió ayer. La mejor faena, la mejor estructura y los muletazos naturales más puros con mucha diferencia, fueron los suyos y es curioso, como ya ocurriese en Sevilla donde para mí hizo la faena de la feria, la trascendencia en los tendidos no fue en forma de oles hasta que que no hizo  el toreo más "comercial" para calentar al respetable  en la última serie de su primer toro. Sinceramente, me apena bastante que la sensibilidad no de para apreciar ese jamón del bueno que tanto me gusta.
Finalmente, no quiero que se me quede en el teclado el bochorno que siento con la mala presentación tanto de la corrida de Juan Pedro como de la de Cuvillo. Los responsables no son los que ven en el campo, los que reseñan, sino los que pagan a esos veedores, es decir, los propios matadores. Necesitamos imperiosamente sobre todo en plazas en las que se producen "acontecimientos" de este calado, que se cuiden los detalles y que se seleccione un protagonista, el toro, acorde con la categoría de los matadores. No vale cualquier cosa y no todo debiera estar permitido porque son pocos los que a día de hoy son capaces de llenar una plaza y creo que su obligación y su compromiso con el toreo, ese arte que les permite vivir tan bien a costa de su esfuerzo, pasa por enfrentarse a oponentes dignos de su alta alcurnia taurina.

martes, 1 de mayo de 2018

Un tal "Pepe Ortiz"




Llevo toda mi vida taurina, que prácticamente coincide con la otra, escuchando  hablar a los mayores de toreros cuyas gestas jamás he presenciado, o si lo he hecho, ha sido a través de un fragmento de vídeo que alguien ha tenido a bien colgar en las redes. Son tantos los nombres de los que han dejado su sangre en la arena, de los que han aportado mucho o poco al arte de matar los toros, que evidentemente conocerlos a todos es imposible, como imposible es valorarlos en su justa medida no dejándolos en el olvido.
Os voy a contar cosas que he leído de un grande, al que conocía de nombre y poco más: José Ortiz Puga "el Orfebre Tapatío". Gracias a unos cuantos blogs de culto y artículos sueltos que he encontrado por internet he conseguido hacerme  a la idea de lo mucho que significó este torero no solo para su país, donde era un ídolo como espada y como actor (antaño pasar del capote al  camerino no era algo inusual), sino para el orbe taurino aunque por lo que he leído en España, donde llevamos demasiado tiempo sin levantar la vista de nuestro ombligo, no fue un torero con tanto nombre como al otro lado del charco como más adelante explicaré.
Los peligros y las virtudes de indagar en la red son infinitos, pero uno de ellos, tal vez el más habitual, es comenzar buscando la receta de la aspirina y terminar contemplando a una mascota tocar la guitarra eléctrica disfrazado de "El Boss". Con Pepe Ortiz me ha ocurrido, me refiero a desviarme a otras historias, pero también he de escribir que a través de él he sabido de la existencia de una institución de origen español que a día de hoy sigue funcionando en México, cual es "la Covadonga", una entidad sin ánimo de lucro que antaño organizaba una importante corrida de toros en el país hermano, destinando los fondos a ayudas de ancianatos y gente necesitada. También he descubierto que la "oreja de oro" no es precisamente un invento moderno y que Ortiz, que tuvo la fortuna de ganarla en una ocasión especial que os contaré, donándola a mi querida "Guadalupana". ¿Que por qué ganó aquella oreja? Pues nada más y nada menos que por un quite que terminó por llamarse, como no podía ser de otra manera "El quite de oro". Os hago un corta pega de una entrada de Ele Carfelo que recoge las palabras del torero describiéndolo:

“…el quite nació esa misma tarde, frente al toro. Me eché el capote a la espalda con la intención de hacer alguna suerte conocida, pero al sentir la arrancada tan intempestiva del toro, no tuve tiempo de hacer lo que pensaba, y me quedé con los pies juntos casi de costado, y dejé pasar al toro, en la forma en que se hace el pase de costado; volví a tirar de mi capote y volví a colocarme del otro lado, dándole la espalda al toro y haciéndolo pasar; ya al tercer lance, tenía perfectamente hecha la suerte. Sin embargo, esa misma noche traté inútilmente de reconstruir la suerte, toreando de salón. Fue hasta la mañana siguiente, cuando lo logré. Para mí, creo que esta suerte es una de las más bellas del toreo, y desde luego, una de las más difíciles de hacer, pues yo mismo apenas la he podido ejecutar en tres ocasiones: en México, el día de la “Oreja de Oro”, la segunda en Granada, España, y la tercera, en Guadalajara, Jalisco”.

Por cosas como la que os acabo de plasmar es por lo que os quería hablar del Tapatío, tal vez el genio más original inventando, investigando y emocionando con novedosas suertes de capote:  Las tapatías, las orticinas, el quite doble también llamado de una forma que a mí me encanta y que es "el quite de las golondrinas".. y de propina el  cambio de mano por detras con la muleta para dar el de pecho también es obra suya del cual he leído que más de uno lo bautizó como el pase tapatío. Curiosamente, frente al toreo de la quietud que preconizaba alguien que compartió cartel con él como fue "El Pasmo de Triana", el toreo de Pepe Ortiz era movimiento, eran galleos, esos galleos que tanto admiramos ahora y que antaño incluso llegaron a caer en desuso por estar mal vistos. Y hablando de Belmonte.., Ortiz debutó en Barcelona un 20 de Junio de 1926 con Juan como Padrino, Ignacio Sánchez Mejía de testigo y toros de Graciliano Pérez Tabernero. Curiosamente, lo que a mí se me antoja como un acontecimiento, para el ABC de la época no fue sino digno de una reseña, pero es más, encuentro artículos en los que en el año posterior se cuestiona, por parte de la prensta taurina española, el mérito del torero para hacerse acreedor a una oreja de oro.
Os remito a la maravillosa hemeroteca de ABC para que vosotros mismos juzguéis los comentarios.
En resumen, uno de los grandes capotes de la historia a los que creo que no se les ha hecho justicia, si bien confío en que alguno de los (pocos) de luces que hoy en día se sigue interesando por suertes "diferentes" nos sorprenda alguna tarde con ese maravilloso quite de las golondrinas. Muchos pagaríamos "un extra" por verlo.