jueves, 16 de abril de 2026

Fabio Jiménez TOREA (como nos gusta)

Foto Arjona Lances de Maestranza


 Ya os he escrito del torero de Alfaro más de una vez en este blog, pero hoy no quiero dejar pasar su actuación el sábado pasado en la Maestranza. Primera cita en el Baratillo como matador de toros, con muy pocas corridas después de la alternativa y primer puñetazo en la mesa del toreo diciendo: aquí estoy yo, así toreo y esto es lo que van a ver cuando los toros medio me lo permitan.

No hubo orejas, tampoco se las dejaron arrancar los dos que le tocaron de Alcurrucén, por cierto, dos músicos sin la partitura de la bravura y sin ese tranco de más que sólo atesoraron un par de ellos en la tarde, no los de Fabio. Pero lo que si sobró fueron ganas de mostrar lo que el torero lleva dentro y vaya si lo mostró.

Se supone que a un cuasi toricantano se le notan las prisas por querer llegar y eso se traduce en el ruedo a modo de precipitación. Nada de esto ocurrió; Anda despacio, como los buenos, se coloca bien y cita con toques sutiles cuando el animal así lo requiere, porque no todos los toros se pueden torear "al vuelo", eso sí, cuando procede en el contexto, la suavidad es tal, que el muletazo surge lento y profundo como pocos.

Me encanta cuando tiene que ser él el que tire del toro, cuando los ha de dar de uno en uno, porque ahí es donde veo como exalta la expresión de la máxima belleza del arte de Cúchares, porque por mucho que algunos no comulguen con esto, el toreo, sí o sí, nace de parado.

Sevilla se quedó el otro día con las ganas de toreo, del toreo de Fabio y Sevilla y un servidor, todavía nos acordamos de ese natural interminable como paradigma de una faena, que analizada en su conjunto, fue un dechado de virtudes y consecuentemente, un dechado de arte.

Ahora va a la Chenel, esa réplica tan interesante que este año le planta cara a un San Isidro bastante monótono. El  encierro  es un tanto a contraestilo, pero seguro que  su toreo no va a pasar inadvertido, no puede pasar inadvertido, como no lo ha hecho el de Mario Navas cuando se sobrepuso a todo y a todos en medio de aquel vendaval que reinaba en su primera cita del ciclo.

No es que sean toreros necesarios, es que son imprescindibles si queremos que esto siga interesando a las nuevas generaciones.

Suerte, torero.

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