A medida que los peregrinos del toro nos vamos acercando a la ganadería, el blanco nuclear de los pueblos cercanos como Vejer o Benalup, deja en lontananza la sensación de un paisaje nevado . En pleno parque natural de Los Alcornocales, tras recorrer lo que a finales del verano serán inmensos campos de arroz y un proyecto de olivar, llegamos a uno de esos anacronismos que todavía y gracias a la mucha ilusión y romanticismo de unos cuantos ganaderos, existen.
Chica, así se llama un mastín enorme que al principio me da miedo, nos recibe con lo más parecido que un perro puede exhibir como sonrisa. Nos vamos a echar de comer al ganado con los vaqueros y disfrutamos del campo, de los animales, de las anécdotas que nos cuentan y de su amor por el toro bravo. Verlos en el campo, nos da esa parte de vida que día tras día nos quita la ciudad.
Rehuelga es puro Buendía y la sangre Santacolomeña se traduce en muchas capas grises que delatan el origen, pero también en negros ibarreños y ciertos toques asaltillados que se adivinan en las morfologías, tanto de las madres, como de sus vástagos.
Escasas ochenta vacas de vientre, mucha selección y mucho amor al toro siguen manteniendo una ilusión tan intacta como la de su fundador. Hay que creer y hay que seguir intentándolo, porque este encaste, nos emociona de una manera muy
especial.
Gracias por vuestra hospitalidad.
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