lunes, 23 de marzo de 2026

Diego Urdiales:. Buscando la sinfonía perfecta

Foto: Carmelo Bayo

 

No existe. La combinación de algo simple, diáfano y a la vez profundo, es una quimera en cualquier campo artístico y por descontado en el musical. Muchos compositores vivieron en esa búsqueda llegando incluso a zambullirse en una amarga obsesión.

Urdiales como bien sabéis lleva en esto muchos años, pero "esto" para él no es salir a la plaza en la tardes de toros con capote, muleta y espada. Para él, el toreo empieza en esas mañanas solitarias de entrenamiento de salón en las que la mente, el cuerpo y el alma se ejercitan para conseguir que aquello que cuesta mucho esfuerzo, parezca natural y que aquello que se improvisa, sea fruto de horas y horas asimilando el a veces imperceptible movimiento de un músculo.

Ayer un servidor vio en Arnedo dos registros completamente diferentes de un mismo torero. Los dos válidos, los dos con su porqué y los dos con muchos matices claramente diferenciables del toreo de temporadas pasadas. Todo comenzó, o lo vimos nacer para el público, en aquella tarde mágica de Bilbao en 2025. Los que siempre hemos sido de Urdiales, tenemos que ir asimilando la evolución poco a poco, porque al torero, cada vez le salen más cosas del alma y eso a veces, a los profanos, nos resulta más complicado  de entender para después poder descifrar lo que anda buscando, aunque yo me atrevería  a resumirlo, siendo un poco osado, en una pequeña reflexión:

Cada vez más despacio, cada vez más suave y cada vez más armónico, pero sobre todo, cada vez más libre.

Una vez me dijo un doctor que lo que está funcionando bien, para qué lo vamos a tocar, pero una cosa es lo que te demanda el cuerpo y otra, lo que te pide el alma.

sábado, 14 de febrero de 2026

El San Bernardo del Norte

 

Imagen obtenida de la revista Pasión en Sevilla

Lo primero que se le viene a la mente a uno cuando piensa en la historia del toreo, es el sur, es Ronda, Sevilla, Triana... Resulta curioso que esa cuna inagotable de toreros que también es Salamanca o Madrid, no sea el inicial referente taurino de nuestro cerebro al rememorar la época dorada de la tauromaquia. Al menos a mí me ocurre, a lo mejor a ustedes no.

Otro de los enclaves señeros de la tradición taurina que no debemos olvidar (también en el sur), es el sevillano barrio de San Bernardo, en el que hace unos siglos su matadero se hizo famoso por ser el taller de alquimia de muchos toreros. Hubo en su tiempo una importante escuela taurina y hasta una placita donde los más valientes ofrecían su arte a los muchos aficionados que allí se daban cita. En la parroquia se San Bernardo se venera al Santísimo Cristo de la Salud y a María Santísima del Refugio, cuya hermandad, que hace su estación de penitencia el Miércoles Santo, cuenta entre sus filas con una pléyade de toreros, de hoy y de ayer, con la que podríamos montar una feria de altos vuelos. Doy pocos datos, para que les pique la curiosidad e investiguen ustedes: allí descansan los restos de un tal Cúchares y los del Sócrates de San Bernardo. 

Con motivo de la reciente publicación de los carteles del ciclo de abril Sevillano hemos visto con agrado cómo dos toreros riojanos, mis queridos Urdiales y Fabio Jiménez, están acartelados para hacer un paseíllo cada uno. Me duele mucho que la nueva empresa no haya tenido la sensibilidad taurina de poner a Diego dos tardes, o al menos una, pero dándole la importancia que el torero tiene y merece. Hace pocas fechas en este blog, reivindiqué los carteles con sentido y no me digan que en el Coso del Baratillo, una tarde con Morante, Urdiales y un joven del mismo corte, no lo hubiese tenido. Pero así está el toreo, como las lentejas, si quieres las comes y si no...

Que una Comunidad tan pequeña como La Rioja, coloque a dos toreros en Sevilla es un milagro y que en esa Comunidad existan más aspirantes a matadores de toros como Alberto Donaire, ya novillero con caballos y con buen ambiente, o Aarón Navas y hasta hace bien poco Patricia Sacristán, es impensable... o no...

Si rebusca uno en la red aquello relacionado con la historia de nuestra Comunidad, a través de un gran referente cual es D. Francisco Bermejo, encontrará una web con entradas históricas que también, como no podía ser menos, hace alusiones a la historia del toreo riojano. Nuestra tradición taurina es ingente: Perita, Domingo Rubio, Algabeñito, José Platas, Pedriles, El grupo de los Niños, Pepita Moreno... Les dejo el enlace para que puedan valorar de dónde venimos taurinamente hablando y verán como se sorprenden:

  https://www.bermemar.com/SAGASTA/toreros_his.htm

Tal vez lo llevamos en la sangre y aunque nuestros ancestros taurinos no sean tan conocidos ni tuvieran al Cristo de la Salud como referente, lo que queda claro es que en esta pequeña pero bendita tierra, además de hacerse buen vino, también se torea.

Que la suerte os acompañe, toreros.


domingo, 11 de enero de 2026

Con Sentido

 



Poco a poco vamos leyendo avances de temporada, en los que tras la atípica situación que ha creado la ausencia de Morante (¿no habíamos quedado en que quien tiraba del carro de taquilla era Roca Rey?) las mentes empresariales parecen aferrarse a la manida fórmula del más de lo mismo, sin importarles lo más mínimo ni el futuro de todo este tinglado, ni el presente, ni el pasado. Se trata de hacer caja, lo demás, que por cierto es el toreo, no importa.

Pensaba este iluso que por una ley natural, tanto los que empiezan y destacan como los que demuestran año tras año que merece la pena seguir vistiendo el traje de luces, no por pagar los gastos de la finca, sino por honrar la profesión y por seguir ofreciendo toreo al respetable, acabarían por abrirse un hueco en un entramado que a día de hoy sigue prefiriendo mirar para otro lado y dejar que la gallina de los huevos de oro agonice (porque esto es pan para hoy y hambre para mañana) antes  de arriesgar un ápice y apostar por nuevas fórmulas y lo digo en plural, porque muchas veces con una tarde para lavar la imagen y dar la sensación de que se apuesta por la calidad y por el futuro, no basta.

Cuando les interesa que un torero funcione, nos hartamos de verlo anunciado, conscientes muchos de nosotros, de lo que verdaderamente hay detrás. Siempre será alguien a quien el sistema pueda explotar a su gusto, plegado a sus exigencias económicas (paradoja, no las del protagonista, sino las del propio sistema) y que en un momento dado, sea prescindible y nadie lo eche de menos.

¿Qué ocurre con los que potencialmente podrían mandar en el toreo? pues sencillamente, no interesan porque peligra parte de sus beneficios. Imaginen el estacazo monetario que  le daría Morante a la empresa en el improbable caso (esperemos) de que dijera sí a Sevilla y ahora, imaginen a tres o cuatro toreros que fuesen tan imprescindibles como él, pidiendo lo mismo..., pues eso es lo que bajo ningún concepto les interesa. Ellos quieren seguir jugando su juego, con sus cartas, tanto en grandes ferias como en las pequeñas y mientras esto siga así y los carteles de toreros sin ilusión y los  "mano a mano" sin sentido sigan copando todos los puestos, a nosotros, humildes y sufridores aficionados, no nos quedará otro remedio que rebuscar entre la cartelería y rescatar lo poco que verdaderamente nos provoque interés.

Ayer precisamente y en tierras Salmantinas, pudimos disfrutar de un claro ejemplo de lo que he explicado: Un Urdiales que a pesar del tiempo no cesa en la evolución de su toreo, cada día más profundo, cada día más reposado y cada día más auténtico y un Alejandro Marcos que continúa embelesando con un capote que recuerda a tauromaquias añejas que provienen del sur y que le va a dar muchísimas satisfacciones en los momentos en que los toros le permitan el cite en esa forma tan personal y con una zurda inmensamente profunda y suave. En el Cubo de Don Sancho, ayer todo tenía sentido, todo tenía un porqué y el desafío entre Diego y Alejandro consistía en saber cuál de los dos podía torear con más hondura y más despacio.

Las fotos son de Carmelo Bayo, recién llegado de una trinchera cavada por la División Azul y ataviado con un abrigo robado a un soldado ruso que abandonó la prenda subyugado por el olor de un maravilloso cocido.







miércoles, 5 de noviembre de 2025

sábado, 1 de noviembre de 2025

Lo viejo



Si uno se pone a pensar, ejercicio que de vez en cuando conviene llevar a la práctica, una misma expresión puede tener significados antagónicos:

Algo viejo puede ser inservible, puede estar roto, estropeado, sucio, descompuesto, pasado de moda, rancio, andrajoso, desaliñado...

Pero algo viejo también puede ser muy valioso.

De un tiempo, escaso, a esta parte, las redes sociales están poniendo en valor, más si cabe, todo aquello y a todos aquellos que son, o han sido el fundamento y la esencia del toreo.

Muchos aficionados, sobre todo jóvenes, descubrieron a Curro Vázquez en el festival homenaje al Maestro Chenel. Y si analizamos lo que ocurrió aquel día, lo podríamos resumir en dos palabras: naturalidad y torería. Frascuelo o el propio Curro son viejos, indudable e innegable, pero cómo llenaron cada milímetro de ese ruedo cuando rompió el paseillo. El resto, incluido el maestro Rincón que calza ya sesenta tacos, digamos que sólo son mayores, aunque a los ojos de algún neófito venteño sean también reliquias.

En el toreo siempre hemos vivido del pasado, sobre todo cuando poco a poco nos vamos haciendo veteranos y aprendemos a distinguir el oro de la paja. Idolatro (aquí ya lo he dejado escrito más de una vez) a Pepín Martín Vázquez, a Rafael el Gallo, a Juan Belmonte y aunque a regañadientes, también a José y a Curro y al Maestro Paula y a Mondeño y al Viti y a Camino... y a unos cuantos más que no nombro por no cansar. Y precisamente por esa adoración, sigo buscando en el presente esas gotitas de lo viejo, de lo que engancha, de lo que recuerda qué es el toreo.

Esta foto que he subido y que estos días andaba pululando por las redes sociales, ha sido la que ha inspirado estas líneas. El paralelismo entre el flamenco y el toreo es más que patente, pero no por lo tópico: cantar por Mairena o por Caracol no tendría sentido si el intérprete no aporta su corazón en el envite y lo mismo ocurre en el toreo. Rancapino Chico no es su padre, ni lo pretende, lo mismo que Urdiales no pretende ser Romero, pero a los cuatro les une un término que es esquivo para muchos de nosotros: el sentimiento.

Lo viejo siempre estará de moda en el toreo, pero no nos equivoquemos, no es añoranza, es la esencia.