lunes, 13 de septiembre de 2021

Morante se ha colado en mi cabeza

 

Foto: J. Alvarado

Recuerdo con mucho cariño y admiración mi visita al Pino Montano de la mano de Ignacio Sánchez Mejías. Allí había estado hacía no demasiado, el Genio de la Puebla buscando la inspiración de ese Cortijo que ha albergado entre sus paredes y jardines, tanto arte y tanto valor como para llenar mil veces de sueños aquella Monumental de la otrora sevillana calle Monte Rey.

Joselito se metió en las entrañas de Morante  oculto en el aroma de un habano. Ayer el Cigarrero hizo lo propio conmigo y aunque no hemos ganado un torero (ya quisiera yo tener algo de arte), sí que terminó convenciéndome de que ahora, José Antonio Morante Camacho, oculta entre los pliegues de  su capote de paseo, una peculiar Santísima Trinidad del toreo:  El Padre es Gallito, el Hijo es el propio José Antonio y el Espíritu Santo, quién va a ser sino el Divino Calvo. Tal vez no sea la mejor y seguro que no es la única, pero doy fe de que es Una y Trina.

Lo de ayer con los Galache, durará para siempre, porque dentro de cien años, sobre los cimientos de esa Glorieta que habrá derruido algún especulador garrulo con vitola de mesías, Morante seguirá embrocado en ese natural que comenzó  en los primeros compases de la faena a "Gandeón" y terminará cuando se desvele el misterio de lo infinito.

sábado, 15 de mayo de 2021

Morante & Aguado: Una cuestión de libertad

 


Después de que Joselito el Gallo se diera ayer una vuelta por Vistalegre y nos dejase a todos con ganas de volver a ver esa montera y esas hombreras muchas veces más, llegó el momento de otra de las realidades, que ya no promesas, del toreo sevillano.
Pablo Aguado tiene "eso" que no sabemos muy bien cómo se llama pero que te hace vomitar un olé ronco después de un silencio de velatorio, como aquellos que se sucedieron en su última tarde en las Ventas. Sí, silencio en las Ventas.
Morante es libre y Aguado se plantea todavía su libertad como si fuese el pan que debe ir ganándose día a día. 
Morante puede ser Morante, puede ser José, o puede ser quien le dé la real gana, pero Aguado sólo tiene un camino, el que nos enseñó y el que nos ha encandilado, que es el de ser él mismo.
A su lado tiene a alguien que le puede enseñar mucho y que precisamente pertenecía a una generación que triunfó por su personalidad. 
Ayer la "sinfonía Morante" marcó la tarde. Como para no hacerlo y ayer Pablo Aguado nos regaló un toreo de capote de ensueño y una faena con demasiados altibajos en ese tercero, en mi opinión producto de su pensamiento. Me explico: el arte fluye, pero el pensamiento es un proceso y según el torero que seas, debe prevalecer el uno sobre el otro. En el caso de Aguado, tengo muy claro que aquello debe fluir y que la obra debe ser de inspiración y sobre todo, de naturalidad.

(la foto es una captura mía de la tele)

jueves, 8 de abril de 2021

La inocencia de Juan Belmonte



Hoy se cumplen 59 años de aquella tarde mil veces descrita, en la que mi admirado Juan Belmonte hizo, desde el parecer de quien esto escribe, lo que tenía que hacer.

No pretendo realizar otro panegírico del Pasmo y tampoco voy a volver a analizar los motivos por los que aquella "Luger" del calibre 6,35 puso el epílogo perfecto (nuevamente plasmo mi opinión) a una vida tan épica, como pudo ser la del Cid Campeador, la del Lazarillo de Tormes, o la de Roberto Alcázar y el Guerrero del antifaz.

Se ha escrito tanto, se ha elucubrado tanto, se han relatado tantas veces las mismas historias, los mismos hechos, desde puntos de vista diferentes, que parece haberse distorsionado una realidad evidente, que es, insisto, para mí, incontestable.

Y es que todavía existen "gallistas" como aquel ascensorista que cuando veía entrar a Sebastián Miranda en compañía de Belmonte, se dedicaba a dejarlos "colgados" entre piso y piso al grito de "viva Gallito".

El delito de Juan es haber trascendido de forma mediática, sin ser algo pretendido ni buscado, es más, me atrevo a escribir que el Belmonte que torea, reniega continuamente de su fama, de su entorno cultural y de todo aquello que no huela a toro. En cambio, el otro, el que viste a la inglesa, frecuenta las tertulias más codiciadas de Madrid o lee a D'Anunzio, es uno más de aquella generación que con su inquietud cultural supo "acelerar" el ritmo de un país aletargado. Es cierto que cayó en gracia a un determinado número de intelectuales y que merced a eso su éxito fue descrito desde muchos puntos de vista trascedentes, pero no es menos cierto que el personaje lo valía.

Antes del "héroe", mucho antes, están los brazos de un muchacho que apenas sabía coger un capote, pero lo hacía de un modo tan diferente, que consiguió salir de aquel barrio en el que, por circunstancias se crio, para trascender, no sólo a Sevilla, sino a todas y cada una de las plazas que pisó durante su dilatada carrera.

Claro que nada es comparable al conocimiento de José, ni a su magisterio, ni  a su elegancia innata, porque Gallito fue un superdotado y a día de hoy, creo que pocos pueden dudar que siga siendo el Rey de los toreros. Las fotografías  y el material de vídeo, nos dan una muestra de lo que fue, a los que no lo vimos, pero es que también están las crónicas, esas y las otras en las que a lo mejor hay que ahondar un poco más para conocer la verdadera realidad, en una época en la que nos "contaban" el toreo.

¿Pero cuál fue la verdadera realidad del Belmonte torero? 

Al revés que José, el Pasmo no mama el arte del toreo. El joven Juan, chulito de barrio, tan sólo tiene valor para quedarse quieto ("Belmonte no necesita las piernas para torear, le basta el poder mágico de sus brazos") ¿Es valor, o es impotencia? Sea lo que sea, queda claro que descubre bien pronto, que su baza para sobrevivir en aquella Sevilla de contrastes y con aquel ganado de medio pelo, está en sus brazos y en aguantar miradas cercanas. No hay técnica preconcebida, ni tal vez un propósito, pero sí un resultado ("No cabe duda de que Juan Belmonte ha llegado a amar su arte en sí mismo, como fin y no como medio de triunfo y de riqueza")

¿Y cuál es el resultado en función de esa realidad?

Por lo que nos ha llegado en forma de crónicas, podríamos decir que Belmonte no fue un torero regular, ni perfecto, ni un gran conocedor de los pormenores de la lidia. Y quizá en ello resida su grandeza, porque es más fácil definir lo que no era, que lo que realmente fue.
 
Tal vez los retazos de un par de plumas de la época, Don Modesto y Clarito, sean mejor respuesta y epílogo que cualquier cosa que pudiera yo escribir:

"...Si es verdad que sigue pisando el terreno que dicen que pisa en todas las suertes, si es verdad que se puede templar como él lo hace; si es verdad que no hacen falta ágiles piernas y buena contextura para andar entre los toros, habrá echado por tierra lo que creímos a pies juntillas. Con lo visto, he tenido bastante. Si me equivoco, me retiro de los toros, y hasta del mundo. Me iré a un convento".

"...Probablemente si Joselito hubiera, él sería un torero de época... ¡Ah, pero de la época de Belmonte, de ese Belmonte sin piernas, de brazos portentosos!"

(Fragmentos extraídos del libro de Francisco Narbona: Juan Belmonte, cumbre y soledades del Pasmo de Triana)



lunes, 30 de noviembre de 2020

Todos quieren ser José


 

 El otro día en twitter volví a ver esta foto de Rafael el Gallo en el callejón de la plaza de toros de Valencia,  llevado en volandas por tres monosabios.

El momento captado no pasaría de ser uno más de los muchos que hay trasladando coletas heridos hasta la camilla salvadora, o no, de la enfermería de la plaza, si no fuese porque los "costaleros" realizan el forzado paseillo, bien mirando a la cámara, bien aguantando algo más que una sonrisa, mientras mi admirado Rafael, se me antoja que adopta una pose de Ecce Homo en una interpretación superlativa del histrionismo que podrían haber firmado Fernando Fernán Gómez , Jose Luis López Vázquez, o el Alfredo Landa más berlanguiano que podamos recordar.

Es obvio, que la cosa no fue grave y más si uno lee la crónica de aquella corrida celebrada el 6 de octubre de 1935, aunque también he visto por ahí que puede ser de septiembre del mismo año, si bien por lo que reza en el ABC de la época, me inclino más por pensar en la primera fecha.



 

Hoy ya no nos quedan Rafaeles. Nadie es capaz de provocar en una misma tarde, la hilaridad del personal, el cabreo máximo y la adoración extrema. Los toreros de 2020 también son artistas, pero sobre todo son profesionales; ya no piensan como pensaba Rafael, como piensa Curro o el Maestro Paula y terminan mayormente por traicionarse en pos de la exigencia de los tiempos, que ya  no permite  ni la mínima "espantá" sopena de pagar tal afrenta con el ostracismo. Y tal vez sea digno de elogio pensar que hoy en día, por muy mal que esté un torero, nunca llevará al nivel de estar mal de Rafael el Gallo, pero conste que para llegar a eso, también hay que tener mucho arte.

Recuerdo que cuando era crío, un tío mío decía lo que muchos del Faraón de Camas: que si era medroso, que si no tenía compromiso, que era inexplicable el fervor de Sevilla por él... y con esa copla fui creciendo y sonriendo con aires de superioridad, hasta que un día alguien me abrió los ojos y poco a poco me fue enseñando a distinguir un trocito jamón del bueno de entre diez kilos de otros de oferta. 

Hoy muchos sueñan con ser  José, con reinar en las plazas, con mandar de tal manera y con tal rotundidad, que todo el toreo incline ante ellos sus cabezas y tal vez, algún día, aunque sea muy muy muy difícil, aparezca otro Gallito, pero lo que verdaderamente es imposible es que vuelva a nacer otro Curro, al igual que nadie toreará a la verónica como Paula, o poseerá el gracejo del Divino Calvo.


lunes, 10 de agosto de 2020

Núñez del Cuvillo: En el corazón del viento

 

Un cuatro de agosto, no es precisamente la mejor fecha para visitar una ganadería, pero tampoco "se podía saber" que a estas alturas de año, uno de los hierros con mayor número de ejemplares, hubiese lidiado tan solo una corrida. "El grullo" compatibiliza los gigantes del siglo XXI que habrían hecho dar espuela a Don Alonso Quijano, con un montón de toros y fauna. Gracias a la abundancia de pasto, los animales no han corrido la misma suerte, mala suerte, que otros muchos de diferentes ganaderías. 



 

El orden en los cercados, no es el escrupuloso de otros años. Las circunstancias han impedido que la ganadería sea una sinfónica  en la que cada instrumento tiene su sitio. Hay toros de supuesta saca aquí y allá y obviamente las corridas no están apartadas.

Los animales están activos cuando el sol se está rindiendo, pero aún así, permiten las cercanías con el humano, si bien, se barruntan ya las peleas que tendrán lugar durante la noche porque el levante, también hace estragos en sus cabezas.

 

Don Joaquín sigue viviendo en este lugar, rodeado de toros y perdices, en compañía de su esposa, de la que me cuentan, tiene un sexto sentido para la selección en los tentaderos.

 

Nuestra visita se inicia de menor a mayor, primero los más jóvenes, después los cuatreños. Advertimos en erales y utreros capas espectaculares que reivindican el pasado de la ganadería.




 

Entre los toros de saca también hay capas muy llamativas y animales muy serios y bien armados, si bien todavía falta un poco de remate, dado que las corridas se van preparando según van surgiendo. 









 Ya falta menos.