lunes, 28 de marzo de 2011

Julián, el torero de Madrid


Había visto en la red la faena del Juli a Cantapájaros, aquel toro de Victoriano del Río que recorrió el ruedo de Las Ventas en el año 2007, hasta que fue estoqueado por Julián López, el Juli. Pero este fin de semana nos han puesto la corrida enterita en el plus, y un servidor, que es el rey del sofá en aquellas horas en las que le está permitido poner el canal toros, la visionó de principio a fin y la verdad, creo que me ha servido para sacar alguna conclusión que quizá os resulte interesante.

El público de Madrid, cierto sector del público de Madrid, tiene que seguir dando lecciones como la que dio aquel día. No comparto algunas de sus “querencias” en cuanto a morfologías, que por mucho que insistan en que no, las siguen teniendo. Tampoco comparto sus “noes” rotundos a determinados toreros, más que nada porque soy de los que piensan que ponerse delante de un astado, aunque sea de los de “miau” tiene su mérito y su peligro, pero aun no compartiendo todo eso, es un público al que respeto porque todo es opinable y porque creo que es hasta conveniente que en Las Ventas, el nivel de exigencia sea superlativo.

Vayamos con Julián López, ese denostado torero de Madrid que torea mejor o peor, según gustos (todos tenemos nuestras preferencias) y vayamos con esa faena a Cantapájaros. Cuando comencé a ver lo que aquel día se le exigía, a intentar escuchar lo que desde el tendido se le dijo (siempre que el del bigotillo, que no calla, me lo permitía), pensé en que estaban siendo poco justos. El torero estaba yo creo que bien y hacía todo más o menos con brillantez. Pero curiosamente, llega un momento en que me doy cuenta de que le tocan tanto la moral (por no decir aquello que estáis pensando) que se enrabieta y a partir de ahí empieza a torear, torear de verdad, a ponerse firme, a cruzarse y a pegar pases largos, inmensos, mandones y limpios y la plaza, toda la plaza, se viene abajo, con lo cual mi pensamiento inicial de la injusticia se va al garete y es mutado por uno nuevo denominado “justa exigencia”, porque lo que está claro es que a quien sabe y a quien puede, en Madrid se le ha de exigir que muestre todo lo que sabe y puede, y creo sinceramente, que si no llega a ser por aquellos ataques desde las trincheras del tendido, no hubiésemos visto torear al Juli como lo hizo a partir de aquel momento de la faena.

Por todo ello, no puedo sino decir “bendita afición de Madrid” con todos sus defectos , que como ya he escrito, para mi los tiene, pero también y por aquello de que hemos de quedarnos siempre con lo positivo, con todas sus virtudes y si el Juli tiene que pasar por escuchar “que no Julián, que no”, por ser llamado “Julianín, que no, Julianín” y por ser el culpable de todos los males del toreo de hoy en día, que pase, pero que vuelva a torear de nuevo a Cantapájaros en las Ventas del Espíritu Santo, porque a día de hoy, le pese a quien le pese, él no necesita torear y nosotros, aficionados hartos de que nos toreen, por el contrario, estamos ávidos de ver torear de verdad.

2 comentarios:

Enrique Martín dijo...

I.J. del Pino:
Me gusta mucho el concepto que tienes de la afición de Madrid, aunque a priori y como aspirante a pertenecer a ese grupo, podía empezar a mentarte lo más "sagrao". Bromas aparte, coincido contigo en esa exigencia, que a veces puede extremarse precisamente por la condescendencia de una parte aplaudidora de la plaza. Pero Madrid tiene la virtud de que cuando un torero está bien, no mira nombre, ni procedencia, y lo mismo cuando está mal. Aunque no nos engañemos, también tiene su corazoncito y sus debilidades, tanto en uno como en otro sentido. Y lo que si tiene es memoria y si un señor, torero o ganadero, lleva años tomándole el pelo, pues le cuesta entrar por el aro, y si esos mismos han tenido una trayectoria honesta, pues a lo mejor no le aplauden a rabiar como hooligans, pero en lugar de montarle la marimorena, pues simplemente se callan, pero que el fulano no se descuide, que rápido abren la caja de los truenos. Y ejemplos en ambos sentidos son el mismo Juli, Victorino, Finito, Patxi Rivera o Morenito de Maracay, que un día decidió torear bien, aunque solo fuera un día.
Un saludo y da gusto leer estas opiniones tan acertadas y medidas.

Luis Domínguez Barco dijo...

Bien visto pequeño monosabio, has hecho una lectura bastante acertada de los hechos acaecidos en aquella primavera del 2007. Ahora, que si alguno llega a saber que el Juli acabaría haciendo lo que le cantaban desde el tendido, igual se hubiese estado callado.