martes, 10 de enero de 2012

Miradas


Viendo esta foto me acordé de un post del blog del maestro enjuto (tauropiniones) titulado “esa mirada”, en el que hacía referencia al libro "Curro Vázquez, Sombra Iluminada" de Javier Villán. Ese post se completaba con una foto maravillosa del torero mirando fijamente al toro.

Hay miradas que calan hondo, como la de aquellas mujeres capaces de atravesarte la piel en unas décimas de segundo y llegarte al alma helándola, o abrasándola de deseo.

En el toro, parafraseando a Jesulín, ocurre lo mismo. La del maestro Curro Vázquez nunca será tan bien definida como en ese libro, y si bien las comparaciones son odiosas, hay otros toreros que hacen gala de sus miradas y otros que no ven, no por ciegos, sino por no alcanzar a comprender la trascendencia del arte que podrían llegar a desarrollar con el suave y acompasado movimiento de sus manos.

Para mí, Talavante es la mirada amorfa, miraría igual delante de un toro que cazando un cocodrilo. Perera mira frío para no transmitir ese mar de dudas que sin querer refleja su interior. Juli mira profesional: cada milímetro en la posición, cada giro de muñeca, cuenta y suma. José Tomás mira al otro lado del toro, ve más allá de la vida del astado y de la suya y repite el muletazo con el sentimiento de haberlo dibujado antes en su mente. Fandi es la mirada alegre aunque un tanto estrábica, la que piensa en el tendido sin dejar de mirar al toro con el rabillo del ojo. El Cid es la mirada desafiante pero no con el toro, sino consigo mismo, intentando ser capaz de volver a “ser”, sin comprender la razón que le cambió la mirada. Manzanares es la mirada altiva, la que ve todo desde arriba, la que domina sabiendo lo que puede y no puede dominar. Morante es la mirada ausente, la que alguien alguna vez le robó del mundo, tal vez una mujer mitad musa mitad hiedra. El maestro Ponce peca ahora de mirada insegura, como la del veterano jugador de baloncesto que antes las metía todas y ahora no hace más que tocar el aro. Castella es la mirada limpia, la que confunde el valor con el arte, sin saber que no hay confusión posible porque ambos son parte de un todo en el toreo. Cayetano es la mirada maravillosa fuera de los ruedos. Robleño es la mirada del sufrimiento, del dolor de cada cornada que no sirve. Fandiño es la mirada del otro, la mirada de los que quisieran pisar su terreno y les falta valor y Urdiales, Urdiales es la mirada verdadera, la que no engaña porque no sabe, la que es incapaz de mentir porque le brota de las entrañas.

1 comentario:

Enrique Martín dijo...

I. J. del Pino:
Genial. Solo añadiría una cosa de Urdiales y su mirada. ¿No te parece que su mirada es también la humildad?
Un saludo y olé