lunes, 24 de marzo de 2025

Final del Zapato de Plata 2025: El concepto es el concepto



Foto: Carmelo Bayo


 
Foto: Carmelo Bayo









Ni un pero a la proclamación de DAVID GUTIÉRREZ como vencedor de esta edición del Zapato de Plata. Es más, bastante hicieron los tres actuantes con perseguir por toda la plaza a esos  mansos alocados de Galbarín que en poco o nada respetaron su origen de Apolinares. Creo que al de la Escuela de Tauromaquia de la Diputación de Badajoz se le adivinan muchas cosas buenas y no cabe ninguna duda de que quiere ser torero y de que ayer, haciendo gala de una preparación física, mental y una inteligencia más que loable, fue capaz de llevarse el Zapato y de contentar al público con un material que hizo prácticamente imposible desarrollar el buen toreo que posee. Además fue elegido y refrendado por un montón de votos. En los tentaderos previos fue una de mis apuestas, no así ayer, pero no por ausencia de merecimientos, sino por concepto, no el suyo, sino el mío.

Un jurado debe ser heterogéneo y el de Arnedo creo que lo es. Me parece un acierto  porque cuando se es jurado se han de olvidar los egos personales ya que la lucha de votos no es por uno mismo, sino por aquellos que se la han jugado en el ruedo.

Cada cual busca las cualidades que cree más interesantes para elegir a su ganador y eso hay que respetarlo al máximo porque así y yo así lo creo, podemos llegar siempre a elecciones más justas para con los aspirantes. Ni mi concepto del toreo, ni el del jurado de mi derecha o de mi izquierda, tienen por qué ser los más acertados, pero insisto, deben ser igual de respetados y en el caso de Arnedo lo son. Tanto el Consejo como el Club Taurino intentan siempre hacer las cosas bien y a quienes más conozco, que son los integrantes del Club, les tengo muchísimo cariño y  admiración por lo que luchan por esto del toro día a día y porque los considero excelentes aficionados. Por ello, a veces coincidimos en nuestros puntos de vista taurinos, otras no, pero siempre con la consciencia de la existencia de ese cordón umbilical que nos une y que se llama toreo.

Ayer, a salida de las votaciones alguien me dijo: "es que a estos certámenes hay que traer gente preparada". Pues bien, ese no es mi concepto. Está claro que alguien que empieza no está preparado y precisamente este tipo de eventos están para eso, para preparase cara a un futuro al que muy pocos van a llegar, porque ser matador de toros es siempre un milagro. Por ello yo no me suelo fijar en el que está "más o menos hecho" sino en el  que pienso que va a decirme más cosas con su toreo el día de mañana. El oficio se aprende y si no se aprende mala cosa, pero lo que a uno le sale del corazón sólo tiene posibilidades de ser evolucionado, nunca aprendido. Llamémosle concepto, llamémosle  querer torear bajo unos cánones que son los que a mí me interesan, pero insisto, nunca excluyentes porque hay tantos toreos como toreros y todos tienen muchísimo mérito.

Bajo mi punto de vista, no se trata de traer novilleros para defender una novillada sin caballos, para eso, para traer a los aspirantes mejor preparados ya está la feria del Zapato de Oro. Se trata de buscar a aquellos que son diferentes, cada uno con su concepto, pero suficientemente desiguales a los demás para poder ser figuras del toreo del día de mañana, que es al fin y al cabo lo que todos queremos, por egoísmo o por orgullo, eso da igual, porque no me digan ustedes que no rezumamos satisfacción cuando decimos que tal o cual torero ya pasó por el Zapato y tuvimos la virtud de augurarle un gran futuro.


lunes, 3 de marzo de 2025

Ganadería Virgen María: Una aldea gala en Guillena


 



El sueño de Jean Marie Raymond comenzó en el sureste Francés, pero pronto descubrió que el sur de España era el paisaje que quería para sus toros, como lo quieren otros tantos ganaderos de la tierra. Nuestro "Abraracúrcix" particular se trasladó primero a Constantina y finalmente a la sierra norte de Sevilla y encontró en Guillena, el lugar ideal para establecer su fortaleza.



He tenido la suerte de visitar muchos enclaves de bravo, pero he de reconocer que nunca había visto tanto respeto por la naturaleza y por los animales como en éste y eso que el tópico que mejor define a un ganadero, a un torero, o a un simple aficionado, es el amor al toro.

Mi llegada a la dehesa "El Serrano" se topa de bruces con un montón de gente que por lo visto van a una montería. Pronto acude a rescatarme Irene, la hija del Mayoral, que nació con una sonrisa permanente y con una amabilidad poco habitual en los tiempos que corren. Detecto incluso que los perros, a los que temo casi tanto como Caius Bonus temía a Obélix, se me acercan sin intenciones perversas.

La visita que en principio iba a ser "típica" pronto se convierte en "atípica": antes de dar de comer al ganado, y visitar los cercados, hay que crotalar a los becerritos que todavía lucen en sus orejas la "matrícula" provisional. Irene, acompañada de su padre, Andrés Tirado, un mayoral con la experiencia y la vitola de haber estado muchos años en casa de Don Victoriano del Río, se pone en faena junto con un joven vaquero que realmente lo que quiere ser es torero y que  abandonó sus tierras castellonenses por vivir la aventura del toro empezando por el principio: su crianza.



Se trabaja rápido, pero con método. Previamente se han repasado los libros y todo está controlado. Se separan las vacas de sus crías y se introduce en la manga a los animales. El ruido es ensordecedor: las madres llaman a los hijos y los hijos llaman a las madres. 







Terminada la labor, hay que cortar un camino de paso para que la vacada pueda acceder a los ya ricos pastos de la dehesa.




Previo a la comida de los animales y como dice Andrés, porque en el campo nunca se para, hay que revisar la bomba que regula un depósito de agua, ya que el ganado se ha comido el cable que suministra la energía y no funciona bien. Para que no digan que los mayorales sólo van a caballo con una guitarra, os cuelgo la foto que da fe de que esto no es así.



Después toca coger el pienso, hay que cargar los sacos uno a uno, para dar de comer a gran parte de la camada mayor. Ya no se llevan por separado a los del Marqués de Domecq, porque el ganadero cree en un proyecto único y busca buenos resultados al mezclarlos, cual druida Panoramix, con lo proveniente de Jandilla, Victoriano y Daniel Ruiz.

Los novillos y toros que veo, se me antojan armónicos, sin estridencias, bajos de manos y sin encornaduras exageradas. Me comenta Irene que ella es partidaria de una fiesta en la que se pueda disfrutar tanto del toro como del torero. Tenemos la compañía de unos amigos de Mont de Marsan (qué aficionados son nuestros vecinos) y al final acabamos hablando todos en francés, por aquello de que estamos en el reducto galo de la bética

El que más me gustó




















La verdad es que yo pensaba irme  después de la visita, pero resulta que en la ganadería existe la posibilidad de comer e incluso dormir, porque también está habilitada como casa rural. Recomendárosla va contra mis principios, porque cuando encuentro algo bueno de verdad no lo cuento a nadie, pero en este caso merece la pena hacer una excepción y compartir, así que os dejo el enlace por si estáis interesados  https://www.ganaderiavirgenmaria.com/

La comida además de estar muy buena, nos relaja y el ambiente es distendido. El sentido del humor del mayoral y las continuas bromas que gastamos, hacen que me sienta como en casa y que por un momento piense en lo feliz que sería yo viviendo allí.

Menos mal que no me lo pidieron.

Mil gracias.



domingo, 24 de noviembre de 2024

Ganadería de Pincha: Presenciando un milagro


Foto: Fermín Sagüés


Tengo la grandísima suerte de ser bien recibido en casa de José Antonio Baigorri y cuando asisto a sus tentaderos,  disfruto tanto como uno de sus negros cochinos disfrutan cuando se rebozan en el barro.

Ayer el compromiso era importante, había que abrir una nueva caja de Pandora y esperar a que con mucha suerte, quedase en ella la solitaria esperanza que encierra el secreto de la bravura. Según la mitología griega, Zeus, que tenía sus ramalazos de mala leche, regaló a Pandora, quien se esposó con el hermano de su archienemigo Prometeo (robó el fuego, se lo dio a los humanos y eso a Zeus le sentó como un tiro) una caja con la condición de no ser abierta, pero la curiosidad femenina de Pandora, desobedeció y procedió con su apertura a liberar todos los males del mundo. Cuando la cerró, sólo quedaba en ella una virtud: la esperanza, esa misma  que albergaban ayer José Antonio y su hija Patricia, por encontrar un nuevo semental para la ganadería.

Y la esperanza se tornó realidad encarnándose en un eral que apunta buenas hechuras, de capa negra, algo salpicada, sin llegar a burraca, yo más bien definiría como muy meano y bragado,  quizá no demasiado largo de cuello, pero con un fondo  que a muchos de los asistentes, creo que todos, nos dejó boquiabiertos.

Nueve entradas al caballo de Juanma Sangüesa, de lado a lado de la placita de tientas y por supuesto contra la querencia, dejaron patente la bravura del animal, quien en las últimas reuniones, empujaba todavía con más clase que en las primeras. Imposible anotar un defecto en el jaco, del que costaba un mundo sacarlo a la llamada de las ramas de ese olivo, símbolo del que no quiere más guerra, que Noé Gómez del Pilar y el Piqui, esgrimían para evitar que el burel viese una tela antes de tiempo, no fuera a ser que el ganadero no decidiera "quemarlo" por no cumplir todas y cada una de sus exigencias.

Visto lo visto, a nadie sorprendió la clase que el eral fue desarrollando desde que Gómez del Pilar le fue marcando los caminos. Humillación por ambos pitones, colocando la cara, como se dice en terminología moderna, con mucha fijeza y arrancándose con buen galope en la distancia media, llegando muy templado al embroque y rebosándose en los finales. Entregado de principio a fin, siempre con el morrito por delante, como me gusta a mí y agradeciendo la exigencia de embestir por abajo.

Sólo Jose Antonio y Patrica saben si padreará, si ha cumplido sus expectativas y quién sabe, si lo hará con la becerra que se tentó en último lugar, con muy buenas virtudes, ya que si bien costaba "soltarla" al inicio de faena de muleta, se entregó mucho al final. La becerra en cuestión, nunca fácil,  dio lugar a más de una discusión (deliciosa) en los corrillos que al calor de la candela y del vinito, se formaron tras la tienta.

Si tuviese que recomendar un libro sobre la cría del toro, sería el de Don Álvaro Domeq y Díez "El toro bravo". Del mismo os extraigo un parrafito que resume lo difícil que es ver lo que vimos ayer:

"Muchos toros de buena nota y trapío y con casta, tipo y nobleza, no dan el juego esperado durante la tienta debido a un sinnúmero de factores, como son la alimentación, temperaturas, estado de salud y finalmente la forma en que el animal sea tentado"..."¿a qué otras pruebas podríamos acogernos los ganaderos, que nos proporciones datos más fehacientes, y componer nuestros libros genealógicos de ascendencia?. No existen."


lunes, 7 de octubre de 2024

Alberto Donaire: Dando la cara

Foto: Carmelo Bayo



Desde que apenas levantaba medio metro del suelo, ya quería ser torero y nos dejaba a todos boquiabiertos con su toreo de salón. De no haber tenido la suerte de tener los padres que tiene, seguro que más de uno hubiese querido hacer "negocio" con él. Son superdotados para el toreo de los que ya hemos tenido más de un ejemplo a lo largo de su historia, pero no dejan de ser niños y sobre todo, no dejan de ser personas. 

El sueño de Alberto pasaba por formarse en una escuela taurina y la elección final fue Valencia. Sus padres no lo dudaron y él ha sabido, poco a poco, sin prisa pero sin pausa, refrendar la confianza que ellos le depositaron. Ahora es el alumno más destacado de la escuela y ya con caballos, va demostrando día a día que va a ser torero. 

Este sábado precisamente estuve con él y con su padre en la ganadería de Carlos Lumbreras. Está con mucha confianza y va sobrado con las becerras. Prueba cosas nuevas y vive en un constante aprendizaje, lo cual dice mucho y positivo de Alberto.

Ayer, mientras Las Ventas parecía un campo de fútbol con un encuentro de esos calificados de alto riesgo, mientras tres tíos se jugaban la vida y uno de ellos se llevó una cornada que ha salido en todos los papeles, un tipo modesto que sueña con ser matador de toros, también se llevó un tabaco gordo entrando a matar o morir a un novillo de Cortijo de la Sierra en el coso de la calle Xátiva. Me cuentan que le tocó el lote más duro y por las pocas imágenes que he podido ver, Alberto peleó como un león. Se llama vergüenza torera. Ya me contaron de su positivo paso por el Zapato de oro (un servidor estaba con drenaje pero no de cornada) y me consta que él sobre todo lo que busca es ser fiel a sí mismo y a su concepto, lo cual a lo mejor no sirve para ser torero porque esto está muy difícil, pero evidentemente, sirve para algo más importante: ser persona.

Leo en sus declaraciones que no hay ni un atisbo de desánimo, así que, es el momento de seguir confiando y de seguir luchando para conseguir llegar a esa meta que es el toreo. Esto es un bache en el camino y supongo, Dios no lo quiera, que llegarán más, pero estoy seguro de que la recompensa, merecerá la pena.

Eres un orgullo para nosotros.

miércoles, 25 de septiembre de 2024

Feria de San Mateo. Cuarta y última de abono. Roca Rey vs. Aguado

  


Cuando ayer me dirigía hacia la Ribera con mi amigo Pablo García Mancha, con el que voy pasando los años y las conversaciones a veces livianas, otras profundas pero siempre interesantes, observábamos a un grupo de jóvenes cuya vestimenta, zapatos y peinado nos hicieron pensar que hacían  juntos un macropedido online a Cortefiel y Sebago y que después lo estrenaban yendo al mismo peluquero. Nos preguntamos a cuál de los tres toreros habrían ido a ver. Pablo, por su parte añadió que también podrían ser seguidores de Ricardo Gallardo. El caso es que nos quedamos con las ganas de saberlo, pero con la agradable sensación de que hay más de un torero que lleva al público joven a la plaza. Es decir, que si esto sigue, hay relevo.

Nueva tarde de buena temperatura, la camilla intacta, el techo de la plaza cerrado, el ruedo que parece la playa de la Malvarrosa de arena que acumula y las mismas luces que no funcionan. Si a esto le añadimos un encierro de Fuente Ymbro muy desigualmente presentado, para mí muy fuera del tipo que busca esta ganadería y con  algún toro con cara de novillo, nada nuevo que no hayamos visto ya durante la feria.

El caso es que la corrida tuvo sus "momentos" y sorpresas, en este caso agradables, si obviamos la actuación de Juan Ortega, al que vi tal vez atorado, o al menos sin el compromiso necesario para una plaza como Logroño. Cortó una generosa oreja, cierto, pero si no la hubiese cortado y hubiese salido a saludar al tendido tampoco pasaba nada.

Voy a escribirlo, porque hacía tiempo que no ocurría: Me gustó Roca Rey en el quinto toro, mejor dicho, me gustó en la parte seria (que fue casi toda) de ese  quinto toro que no era nada fácil por el pitón izquierdo y aun teniendo más bondad y recorrido por el derecho, había que tirar de arrestos, técnica y temple para aguantar el chaparrón y más en esos terrenos frente a chiqueros (me he enterado de que los eligen porque el piso está medianamente mejor). Serio, bien colocado y olvidándose del público durante tres cuartos de faena. A lo mejor la merma física producto de un revolcón en su primer toro, le hizo concentrarse más en el toreo y olvidar la farándula, no sé. El caso es que si lo mata, yo le hubiese pedido una oreja y el público posiblemente hasta la pata.

Pablo Aguado es diferente y tiene que seguir siendo un torero diferente. Lo llevamos pidiendo desde aquella tarde gloriosa de Sevilla y por fin, de mitad de temporada hacia adelante, parece que este año está consiguiendo continuar por la senda de la sutileza, de la caricia, de los detalles, de la buena composición y de la línea argumental de una faena que apetece ver como apetece una manta, una peli y un chocolate un domingo lluvioso por la tarde.

Ayer nos enseñó parte de esas bolitas que dice el maestro Paula que les caen a unos pocos. Se tiene o no se tiene. En su primer oponente a mí me emocionó. No hubo ligazón pero hubo delicadeza, suavidad, buen gusto, hubo andares por la cara del toro, un kikirikí, o medio, no sé lo que era, que me hizo levantar del asiento y torería, mucha torería. Si a eso le sumamos una estocada de premio, la oreja bien concedida, pero las dos que le pedían se me antojan exageradas. En su segundo hizo un esfuerzo y no estuvo mal, pero no es su toro, ni yo quiero que Aguado esté para eso, porque ya hay más de medio escalafón que se ocupa de esas cosas. Disfrutemos lo diferente, porque de eso hay poco y ha de ser de vez en cuando.

Por lo demás, lo mejor y todo cuanto voy a escribir sobre este tema, es que la camilla sigue en su sitio, o si no es su sitio, al menos donde está y no se ha tenido que usar para acudir a paliar ninguna desgracia.

Hasta la próxima. O no.