sábado, 24 de noviembre de 2012

El amanecer de Morante


Mientras aquí en la Rioja en esta fría mañana de otoño, el cielo amenaza con desplomarse sobre mi ordenador y reventar esta entrada, en el sur amanece bonito. Tal vez no hoy ni mañana, pero si en esos días en que yo, astiado de aguantar frío y nubes grises, me bajo a Sevilla y llego al otro mundo, al mundo de los vencejos, esas aves que me maravillan por su velocidad y vivacidad y que aunque aquí no llegan hasta principios mediados de junio, en abril ya revolotean alegremente por Hispalis.
Me gusta desayunar en Triana: pan con jamón y cafelito, me gusta pasear y aprovechar el primer sol de la mañana, ese que calienta mi espíritu, me gusta el olor de la flor del naranjo, el acento andaluz y las mujeres del sur.

Y me gusta Morante.

El torero que dice que torea como un niño, que no hay duende, no hay misterio, sólo inocencia.

Hace poco lo ví en el festival de Arenas de San Pedro. Se trajo un novillo indecente que apenas se sujetaba, pero comenzó a torear despacio, y los abucheos mudaron a olés roncos, de los de tarde grande y yo, sujetando la cámara e intentando captar su esencia, no pude sino murmurar: Qué cabrón, cómo torea.

1 comentario:

Enrique Martín dijo...

Isidro:
Así es, tal y como lo cuentas, lo que yo no sé es si cada vez me cabrea más eso de llevarse el torillo bajo el brazo, como José Luis Ozores en Calabuich. A ver si aquello era la visión de un adelantado.
Un saludo